Amargo llegaste y amargo marchaste. Como si no te arrepintieses. Vamos, dime que fue fácil saber que tú mismo construiste tu abandono, que no te importó perder la seguridad que te daba la ceguera de tu rededor.
Todos tus sentidos están abiertos a destrozar lo que ya no tienes, intentando buscar una razón que no entenderías a tus por qués. Ni cobardes ni desagradecidos colmarían de tanta hiel lo que tocas, arrasas campos de serenidad con una falsa seguridad basada en corazas quebradas que sostienes aun cuando todos ven a través.
La soledad te toca y tú no lo ves, y la desconfianza se vuelve enfermedad, y la magia que desprendías se torna lánguida neblina, socavando la eternidad de un hermano, un amigo, un amor.