Búscame donde las luces de neón hayan dejado de servir de faro.
Fóllame como si el Diablo te hubiese arrancado el alma.
Quítame la vida y vívela como si fuese tuya.
Ámame como si fuera la última, como si no pudieses hacer nada más.
Luego méteme en tu bolsillo y vete.
No volvamos jamás a la oscuridad.
sábado, 31 de mayo de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
Despiértate. Despiértame
Acostada en tu pecho, justo sobre el latir de tu corazón, como si cientos de almohadas blancas sostuviesen mi cuerpo en el aire y el bombeo de tu sangre aullase al viento para mecerme. Ahí, en ese lugar perfecto, seguro, las pesadillas que encierra mi cabeza me privan de sentir tu respiración en la frente y soy consciente de que la mía se acelera, me falta el oxígeno y una creciente oscuridad se adueña de mi rostro. Intento zafarme pero mis manos no responden como debieran... y al instante siento tu tacto rozándome la piel. De pronto me calmo y siento la luz molestando mis párpados de nuevo.
Tu cuerpo se mece bajo mi presa y abro los ojos, cayendo en que la oscuridad resultaba de mi desordenada melena sobre mi cara. Las pesadillas se han quedado en mi inconsciente y en tu mirada rasgada veo que puedo volver a mi lecho de almohadas.
Hace frío, pero estoy ardiendo. Sé que es tarde, pero no quiero marchar. Estoy cansada, apenas he podido hablar o moverme desde que llegué al santuario en el que se ha convertido tu casa, pero estoy tranquila. Sé que lo haré mejor otro día, aun con el pavor de la incertidumbre en la que me retuerzo en cada despertar, hasta que dan las 8.50.
Me muevo y sé que frunzo el ceño, que no me ves y que estás dormido, sin intuir que estoy encerrada en mi inconsciente y que no puedo despertar por completo. Me atrapa mi mente y quiero gritar. Y quiero dejar de batirme violenta contra tu cuerpo y abrir la boca para contarte tantas cosas,... pero sé que estás dormido. Y yo quiero estar en tus sueños para decirte que me despiertes, que me muevas, que me mezas. Que abras los ojos y me saques de aquí.
"Despierta, Ferrara."
No despiertas y quiero salir. Salir del santuario. Quiero pisar la calle, la arena, la tierra, incluso el mármol. Correr de tu mano.
Y zambullida en las grandes almohadas una pluma desciende desde lo más azul del cielo, advirtiéndome. Pero la miro con enfado y replico.
"Que si no tuviese los ojos verdes, lo querría igual."
Tu respiración la ahuyenta, aunque terca se posa sobre mi tobillo.
-Shhh...
Tu susurro me hace saber que vuelvo a batirme contra ti, que he de calmarme.
Pero temo cada uno de tus pensamientos, temo hablar en demasía, temo dar un paso en falso. Y la pluma va recorriendo mis gemelos, mis muslos y mi vientre hasta quedar quieta en el ombligo.
"Por si no despierta." Me dice con displicencia.
Mi instinto me tensa y salto de la cama.
Y quiero quedarme porque aun a riesgo de tropezar con tus oídos y que vayan con el cuento a la parte más oscura de tu mente, siento que ahí, asegurándome de que tu corazón sigue latiendo, es donde está mi lugar.
Y me quedo, aunque mi cuerpo haya de volver a casa.
Me quedo porque tienes los ojos verdes, me quedo porque eres mío, porque soy tuya. Me quedo porque te quiero y te querré, aunque esté aterrada; me quedo porque he de arriesgarme si quiero ganar y demostrarte que tú también has ganado. Estás ganando, aunque te obligues a no creerlo. Me quedo porque merezco quedarme. Y tú mereces que me quede. Me quedo porque soy así, y me quieres. Me quedo. Me quedo, me quedo, me quedo. Me quedo porque quiero ser "Ella".
Y no te dejaré echarme.
Tu cuerpo se mece bajo mi presa y abro los ojos, cayendo en que la oscuridad resultaba de mi desordenada melena sobre mi cara. Las pesadillas se han quedado en mi inconsciente y en tu mirada rasgada veo que puedo volver a mi lecho de almohadas.
Hace frío, pero estoy ardiendo. Sé que es tarde, pero no quiero marchar. Estoy cansada, apenas he podido hablar o moverme desde que llegué al santuario en el que se ha convertido tu casa, pero estoy tranquila. Sé que lo haré mejor otro día, aun con el pavor de la incertidumbre en la que me retuerzo en cada despertar, hasta que dan las 8.50.
Me muevo y sé que frunzo el ceño, que no me ves y que estás dormido, sin intuir que estoy encerrada en mi inconsciente y que no puedo despertar por completo. Me atrapa mi mente y quiero gritar. Y quiero dejar de batirme violenta contra tu cuerpo y abrir la boca para contarte tantas cosas,... pero sé que estás dormido. Y yo quiero estar en tus sueños para decirte que me despiertes, que me muevas, que me mezas. Que abras los ojos y me saques de aquí.
"Despierta, Ferrara."
No despiertas y quiero salir. Salir del santuario. Quiero pisar la calle, la arena, la tierra, incluso el mármol. Correr de tu mano.
Y zambullida en las grandes almohadas una pluma desciende desde lo más azul del cielo, advirtiéndome. Pero la miro con enfado y replico.
"Que si no tuviese los ojos verdes, lo querría igual."
Tu respiración la ahuyenta, aunque terca se posa sobre mi tobillo.
-Shhh...
Tu susurro me hace saber que vuelvo a batirme contra ti, que he de calmarme.
Pero temo cada uno de tus pensamientos, temo hablar en demasía, temo dar un paso en falso. Y la pluma va recorriendo mis gemelos, mis muslos y mi vientre hasta quedar quieta en el ombligo.
"Por si no despierta." Me dice con displicencia.
Mi instinto me tensa y salto de la cama.
Y quiero quedarme porque aun a riesgo de tropezar con tus oídos y que vayan con el cuento a la parte más oscura de tu mente, siento que ahí, asegurándome de que tu corazón sigue latiendo, es donde está mi lugar.
Y me quedo, aunque mi cuerpo haya de volver a casa.
Me quedo porque tienes los ojos verdes, me quedo porque eres mío, porque soy tuya. Me quedo porque te quiero y te querré, aunque esté aterrada; me quedo porque he de arriesgarme si quiero ganar y demostrarte que tú también has ganado. Estás ganando, aunque te obligues a no creerlo. Me quedo porque merezco quedarme. Y tú mereces que me quede. Me quedo porque soy así, y me quieres. Me quedo. Me quedo, me quedo, me quedo. Me quedo porque quiero ser "Ella".
Y no te dejaré echarme.
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