Ella nunca fue de mariposas en el estómago, ella tenía cuervos. Decían que tenía arte hasta para sufrir y que sus pies más que tacones calzaban abanicos negros. De voz delgada y tono robusto, era como una canción rasgada.
Él era una contradicción coherente, como el aire que avienta el pelo del rostro y te cierra los ojos.
Khale Nightingale, mordida de temor, acariciaba la Luna con el pensamiento. Con una copa de vino rosado en una mano y un cigarro en la otra, esperaba. No fumaba, pero aferrarse al humo era más seguro que a la esperanza. Se había deshecho en cobardía y se mantenía sin firmeza en esa decisión.
Llegaba la hora y debía salir a la calle. Y caminar. Sus manos se retorcían en "por si acasos".
Tras el último trago se pintó los labios de coral y, erguida, se recolocó los pechos dentro del sujetador antes de pisar la calle.
Sus piernas flaquearon cuando llegó discreto entre la música. Así, de golpe, apareció lo inesperado y besó la brisa de una sonrisa. Siquiera se sorprendió de haber incumplido su propósito, porque era lo natural. No pensaba, no sufría, no flaqueaba. De nuevo, era distinto, como vestir tirantes en una montaña nevada.
Había montado en un tren con destino desconocido, sumido en lo desconcertante, en esa clase de peligro que no daña pero aterra.
Imponente.
Si llegase a la estación de una pieza, sin accidentes o trasbordos... bueno, ya vería lo que hacía. Mejor improvisar sin ilusión, por si Strauss bajase antes de tiempo, por si los cuervos decidiesen volar demasiado alto, por si la tormenta volvía a arreciar.
En el último vagón, desde la distancia, alguien conocido la miraba indiferente, como si no le importase pero sin poder apartar la mirada de su melena. Y Khale, en susurros inaudibles:
-En vez de quererme "un huevo", haberme querido con dos cojones.
Y se despidió de propósitos de huida, sin perseguir el Sol pero en dirección al horizonte.
Con cautela. Con cautela. Con cautela...
One less reason
For all the wrong reasons
lunes, 24 de agosto de 2015
jueves, 2 de julio de 2015
Y que la magia exista de verdad
Él era escritor, pero aún no lo sabía.
Ella leía, pero no pasaba las páginas.
Quizá si volviesen a encontrarse podrían hacer de sus vidas algo extraordinario. Al fin y al cabo, ambos tenían los ojos pardos, quizá ámbar, quizá miel espesa, quizá...
Ella leía, pero no pasaba las páginas.
Quizá si volviesen a encontrarse podrían hacer de sus vidas algo extraordinario. Al fin y al cabo, ambos tenían los ojos pardos, quizá ámbar, quizá miel espesa, quizá...
viernes, 26 de junio de 2015
Porque voy a dejar de rezarte
Estoy enfadada con Dios. Aunque, si soy sincera, siquiera sé si creo en él de verdad. Pero estoy enfadada, cabreada y dolida, porque si realmente nos amase a todos por igual, a mi no me tocaría vivir cierto tipo de cosas. Tal vez Dios sea mujer y me tiene envidia, no lo sé.
Será egoísta, que mire por mi y no por los cientos de niños, enfermos y gente buena que apenas puede sobrevivir; pero es que esto me toca a mi. A mi y no a otra persona.
Y me pregunto por qué. Todos los días. Y le he pedido que me escuche de vez en cuando, sólo un ratito. Pero me ignora.
Habrá cosas más importantes, de seguro. Pero, ¿ni un sólo segundo? Si se quiere, se puede, se saca tiempo de debajo de las piedras. O eso dicen.
Pero no en mi caso. Así que estoy cabreada, porque suelo culparme de las cosas y hoy en día estoy bastante segura de que no me lo merezco.
Así que sí, estoy cabreada con Dios. Y me da igual blasfemar, porque ya no sé si creo en él o en mi. No sé si creo en nadie.
Tampoco tiene sentido que piense esto siendo yo y mis circunstancias, mis estudios y mi forma de ser. Pero lo estoy. Estoy muy enfadada y me da rabia, tener fe es para los que son escuchados de vez en cuando.
Estoy muy enfadada, Dios. Y no espero una disculpa ni una solución. Quiero poder vivir de una vez lo que me corresponde vivir. Y que me dejes disfrutarlo, que no me lo quites, que dejes de tocarte los cojones viéndome llorar y berrear, tirarme al suelo y patear paredes, gritar en cojines e hincharme a súplicas a alguien o algo intangible. No me ignores, necesito un logro, un éxito, una victoria.
Escúchame de una puta vez.
Será egoísta, que mire por mi y no por los cientos de niños, enfermos y gente buena que apenas puede sobrevivir; pero es que esto me toca a mi. A mi y no a otra persona.
Y me pregunto por qué. Todos los días. Y le he pedido que me escuche de vez en cuando, sólo un ratito. Pero me ignora.
Habrá cosas más importantes, de seguro. Pero, ¿ni un sólo segundo? Si se quiere, se puede, se saca tiempo de debajo de las piedras. O eso dicen.
Pero no en mi caso. Así que estoy cabreada, porque suelo culparme de las cosas y hoy en día estoy bastante segura de que no me lo merezco.
Así que sí, estoy cabreada con Dios. Y me da igual blasfemar, porque ya no sé si creo en él o en mi. No sé si creo en nadie.
Tampoco tiene sentido que piense esto siendo yo y mis circunstancias, mis estudios y mi forma de ser. Pero lo estoy. Estoy muy enfadada y me da rabia, tener fe es para los que son escuchados de vez en cuando.
Estoy muy enfadada, Dios. Y no espero una disculpa ni una solución. Quiero poder vivir de una vez lo que me corresponde vivir. Y que me dejes disfrutarlo, que no me lo quites, que dejes de tocarte los cojones viéndome llorar y berrear, tirarme al suelo y patear paredes, gritar en cojines e hincharme a súplicas a alguien o algo intangible. No me ignores, necesito un logro, un éxito, una victoria.
Escúchame de una puta vez.
martes, 26 de mayo de 2015
Aunque no te quede nada
Voy a hacerte unos huesos nuevos.
Voy a hacerte unos huesos nuevos, amor. Voy a sacar de ti todo aquello que te consume y voy a reemplazarlo por algo que sostenga la memoria de tu piel morena. Cuando el cincel se deslice a golpe de martillo, será como atravesar la mala hierba hasta llegar al agua redonda de un lago claro. Voy a sacar de esto algo bello, porque soy artista; yo atravieso dolor y quiebro culpa; yo restauro grietas y completo huecos; yo bailo sobre tapices de rabia. Yo creo.
Calmar tu tormento será mi privilegio.
Yo te daré unos huesos nuevos, tus huesos; porque conocerte hace que merezca la pena haber nacido, y no habrá, mientras yo respire, viento salvaje que te doble por la cintura. Si has de caer, será sobre mi cuerpo.
Voy a hacerte unos huesos nuevos, amor. Voy a sacar de ti todo aquello que te consume y voy a reemplazarlo por algo que sostenga la memoria de tu piel morena. Cuando el cincel se deslice a golpe de martillo, será como atravesar la mala hierba hasta llegar al agua redonda de un lago claro. Voy a sacar de esto algo bello, porque soy artista; yo atravieso dolor y quiebro culpa; yo restauro grietas y completo huecos; yo bailo sobre tapices de rabia. Yo creo.
Calmar tu tormento será mi privilegio.
Yo te daré unos huesos nuevos, tus huesos; porque conocerte hace que merezca la pena haber nacido, y no habrá, mientras yo respire, viento salvaje que te doble por la cintura. Si has de caer, será sobre mi cuerpo.
jueves, 14 de mayo de 2015
Que nunca baje el telón
El suelo tiembla bajo mis pies descalzos. Los focos me dan pie para salir de la última caja del escenario. Empieza la música.
Tras el primer chassé va la pirueta que me impulsará a subir en un grand-jeté. Y volar.
Vuelo, puedo sentirme ligera moviéndome de un lado a otro, bailando. Soy libre. Mi vestido es más etéreo que el aire que corto con mis manos, largas y delicadas en la flexible prolongación de mis brazos, mi torso, mis piernas, mis pies en punta. Mi barbilla alta y mi pelo suelto.
Me fundo con cada nota en mi propio peso, mi cabeza no piensa y mi corazón estalla. Sólo soy capaz de sentir, porque hago esto para mi.
Giro y giro y giro y salto y ruedo por el linóleo, retorciéndome en figuras imposibles, alzándome sobre mis hombros y saliendo despedida en volteretas vestidas de negro. Soy una llama mecida por las respiraciones de quienes me miran, aunque haya ausencias. Quiero que me vea, que no me olvide; así que corro hasta el borde del escenario y extiendo los brazos, como si se sentase en primera fila, y abrazo el aire hasta caer de espaldas y elevarme con fluidez para subirme a la punta de mi derecha.
Y me dejo caer, porque es mi momento, y lo vivo como quiero; sintiéndolo a él para sacar hasta mi último aliento, aunque no me vea bailar; o implorando a mi cuerpo que controle su furia cuando golpea el bajo; a veces soy dulce y me hago pequeña para luego estirar mis brazos, preparar un arabesque y dilatarme hasta que duele.
Soy toda yo, bailo para mis recuerdos, para mis deseos, que forman parte de mi. Y dan el sentido a mi arte.
Tal vez mi técnica no sea perfecta, pero nadie vuela más alto que yo aun tirada en el suelo, nadie llena tanto un lugar tan pequeño, nadie se apasiona en un simple relevé como lo hacen los dedos de mis pies.
Y, aunque no me vea, hoy se lo dedico a él.
Para que ese "ahora no" no se convierta en un "ahora contigo no".
Para que no me olvide.
Y me retuerzo en la última pirueta, porque sigo en pie.
Tras el primer chassé va la pirueta que me impulsará a subir en un grand-jeté. Y volar.
Vuelo, puedo sentirme ligera moviéndome de un lado a otro, bailando. Soy libre. Mi vestido es más etéreo que el aire que corto con mis manos, largas y delicadas en la flexible prolongación de mis brazos, mi torso, mis piernas, mis pies en punta. Mi barbilla alta y mi pelo suelto.
Me fundo con cada nota en mi propio peso, mi cabeza no piensa y mi corazón estalla. Sólo soy capaz de sentir, porque hago esto para mi.
Giro y giro y giro y salto y ruedo por el linóleo, retorciéndome en figuras imposibles, alzándome sobre mis hombros y saliendo despedida en volteretas vestidas de negro. Soy una llama mecida por las respiraciones de quienes me miran, aunque haya ausencias. Quiero que me vea, que no me olvide; así que corro hasta el borde del escenario y extiendo los brazos, como si se sentase en primera fila, y abrazo el aire hasta caer de espaldas y elevarme con fluidez para subirme a la punta de mi derecha.
Y me dejo caer, porque es mi momento, y lo vivo como quiero; sintiéndolo a él para sacar hasta mi último aliento, aunque no me vea bailar; o implorando a mi cuerpo que controle su furia cuando golpea el bajo; a veces soy dulce y me hago pequeña para luego estirar mis brazos, preparar un arabesque y dilatarme hasta que duele.
Soy toda yo, bailo para mis recuerdos, para mis deseos, que forman parte de mi. Y dan el sentido a mi arte.
Tal vez mi técnica no sea perfecta, pero nadie vuela más alto que yo aun tirada en el suelo, nadie llena tanto un lugar tan pequeño, nadie se apasiona en un simple relevé como lo hacen los dedos de mis pies.
Y, aunque no me vea, hoy se lo dedico a él.
Para que ese "ahora no" no se convierta en un "ahora contigo no".
Para que no me olvide.
Y me retuerzo en la última pirueta, porque sigo en pie.
martes, 5 de mayo de 2015
El mejor formato en que me podrían haber parido
La cuestión es desearse a una misma. Es ponerse cada mañana frente al espejo, desnuda, y bailar como no lo has hecho ni con tres copas de más. Es posar, mandarte besos y coquetear con tu reflejo. Es tocarse y conocerse, decirse "yo te hacía el amor y te follaba al mismo tiempo". Es despeinarse mientras las curvas se tornan aún más convexas y lo cóncavo se retuerce en gemidos. Es que te duela mover el culo, que te entre flato con sólo sonreír al sentirte la mujer más sexy que el mundo tiene el privilegio de conocer. Porque lo eres, que no te engañen.
Seducirse: "qué desperdicio disfrutar sólo yo de este cuerpo."
El mejor formato en que te podrían haber parido. Sentir que con una mirada puedes someter al mundo, que no te hacen falta unos tacones para hacer sonar tus pasos. Acojónate con tu propia sexualidad.
El truco es que te veas mejor desnuda que vestida, ponerte lencería fina y sentirla tu secreto bajo unos vaqueros rotos, en zapatillas o stiletto.
Aprende a conducir sobre tus curvas y que sean ellos quienes pierdan la vida de un derrape.
Mira, ponte los cuernos contigo misma, saca a la mala zorra prepotente cuando te vistas cada mañana, déjala en casa hasta la hora de ponerse el pijama, con la cara lavada y un moño deshecho y, cuando te la encuentres en el espejo, salúdala con un golpe de cadera y dile "prenderías fuego al cielo."
Seducirse: "qué desperdicio disfrutar sólo yo de este cuerpo."
El mejor formato en que te podrían haber parido. Sentir que con una mirada puedes someter al mundo, que no te hacen falta unos tacones para hacer sonar tus pasos. Acojónate con tu propia sexualidad.
El truco es que te veas mejor desnuda que vestida, ponerte lencería fina y sentirla tu secreto bajo unos vaqueros rotos, en zapatillas o stiletto.
Aprende a conducir sobre tus curvas y que sean ellos quienes pierdan la vida de un derrape.
Mira, ponte los cuernos contigo misma, saca a la mala zorra prepotente cuando te vistas cada mañana, déjala en casa hasta la hora de ponerse el pijama, con la cara lavada y un moño deshecho y, cuando te la encuentres en el espejo, salúdala con un golpe de cadera y dile "prenderías fuego al cielo."
jueves, 30 de abril de 2015
Porque abandonas
Te odio. Porque estás rota.
Por mucho que luches nunca vences. Cada vez que te levantas vuelves a caer. Cansas. No puedes repararte, ya no sabes cómo.
Lo único que ahora ocupa tu mente es forjar tu cuerpo como espada. Otra vez. ¿De verdad crees que eso solucionará algo? Has llegado a enfermar.
Aunque es mejor que pensar en otras cosas.
O no.
No. No pienses en eso. Ni te acerques a un sólo recuerdo, teoría o emoción. No va a volver. Y punto. Mintió. Crees. Casi te atreverías a jurarlo.
Y le quieres. Porque está roto.
Y le odias. Porque está roto. Y no te deja estar para apoyarlo.
Porque eres tonta.
Por mucho que luches nunca vences. Cada vez que te levantas vuelves a caer. Cansas. No puedes repararte, ya no sabes cómo.
Lo único que ahora ocupa tu mente es forjar tu cuerpo como espada. Otra vez. ¿De verdad crees que eso solucionará algo? Has llegado a enfermar.
Aunque es mejor que pensar en otras cosas.
O no.
No. No pienses en eso. Ni te acerques a un sólo recuerdo, teoría o emoción. No va a volver. Y punto. Mintió. Crees. Casi te atreverías a jurarlo.
Y le quieres. Porque está roto.
Y le odias. Porque está roto. Y no te deja estar para apoyarlo.
Porque eres tonta.
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