Dejar de existir por un tiempo te sitúa en el mejor palco del teatro pero, aun con tal perspectiva, todo sigue siendo una representación. Hay que salir del recinto y respirar aire puro para olvidar el precio que pagaste.
¿Que cómo pagué? Vendí el sentido común para comprar un deseo que me hiciese perder el resto de la cordura.
Y así regresó a mi la maldición de los ojos verdes, de la misma manera que con quien comenzó: los mismos gestos, las mismas situaciones, la misma forma de huir sin explicaciones, las mismas humillaciones, el mismo rechazo en cada uno de los sentidos, el mismo sentimiento de abandono; más aún, pues esta vez él conocía mi pasado. Devaluarme, negarme, no recibir lo que es dado, el agobio de la desinformación, las excusas que esconden que eres lo más sencillo de lo que deshacerse cuando la vida sobrepasa un límite.
Así, de pronto, sin coherencia, sin merecerlo.
Me pide que cree algo fácil y sencillo cuando ni él es fácil o sencillo ni me lo pone fácil y sencillo. Qué impotencia no hacerle comprender, que no camine diez metros siquiera con mis zapatos.
¿Dónde está el hechizo que arranque de mi pecho este vivir una y otra vez esta infernal historia? De ahora en adelante sólo el cuerpo voy a dar si esto es lo que para mi va a significar amar; y mi alma se quedará conmigo hasta que encuentre mi final, que tantas veces quise arrojar al mar. Al fin y al cabo, fui yo quien eligió el verde ante la madera aquel diecinueve de diciembre. Yo elegí, yo firmé la paz con aquella de su pasado, aunque él ni lo imagine. Yo fui paciente. Yo acepté. Y mía es la responsabilidad de acabar con el patrón que el corazón y no la mente dicta, aunque el instinto insista en que ahí, en su abrazo, estaba mi hogar.
Ya no sé qué pensar, qué sentir, qué camino tomar. Sin señales, o quizá sin querer verlas. Quizá ese fue el último beso, quizá fue la última noche, quizá el paquete de lo alto en mi estantería se quede allí para siempre.
Quizá soy de esas personas que no tienen tren.
Ah, qué frustrante quedarse siempre golpeando las puertas del Cielo.