lunes, 30 de enero de 2012
Siempre el mismo tango
Como los bailarines de una caja de música; tan cerca, a un instante de tocarse, sin poder nunca alcanzarse.
jueves, 26 de enero de 2012
No acabará
Me miró así, creyendo conocerme.
-Me canso de esto, Erik.
Intentó hablar, pero cerró sus labios librándose del silencio con un suspiro.
-Jugar no siempre es divertido, no cuando soy yo la que pierde.
Erik alzó la mirada, desviándola de un ojo a otro de la joven.
-Quien ama los recuerdos no deja nunca de jugar con su presente y, al tiempo, negocia con el futuro las personas del mismo. Yo te doy lo que ansías, tú me sigues. A veces siquiera esperas nada más, crees saber lo que escondo.
Ella sonrió sarcástica, dolida.
-Jamás he creído saber quién eres, porque nunca sabrás quién te mira. Cambio cada día de opinión respecto a ti, y no me canso de intentar dejarte donde debes estar. Pero mírate. -Él agachó la cabeza, en el amago de una sonrisa pensativa. - Éso es lo que hace que todo se desvanezca.
Erik acercó sus labios a los de ella, quien, asustada, lo miró sabiendo que el siguiente movimiento marcaría la diferencia entre el pasado y el devenir.
Siguió su instinto. Los labios del muchacho rozaron los suyos en el escalofrío del primer roce, tan suave, tan familiar,... Sus bocas se buscaban, mas no llegando a culminar el ansia, el juego fue detenido por Vaitiare.
-No empieces lo que no terminarás. Si has de ser quien fuiste, prefiero perder de nuevo por abandonar a que me ganes y no vuelvas.
-Todo será como el momento lo requiera. Ganando o perdiendo, ambos haremos lo que sintamos.
-Perderé entonces.
En el mismo suspiro, el aliento del joven le dio la vida.
-Me canso de esto, Erik.
Intentó hablar, pero cerró sus labios librándose del silencio con un suspiro.
-Jugar no siempre es divertido, no cuando soy yo la que pierde.
Erik alzó la mirada, desviándola de un ojo a otro de la joven.
-Quien ama los recuerdos no deja nunca de jugar con su presente y, al tiempo, negocia con el futuro las personas del mismo. Yo te doy lo que ansías, tú me sigues. A veces siquiera esperas nada más, crees saber lo que escondo.
Ella sonrió sarcástica, dolida.
-Jamás he creído saber quién eres, porque nunca sabrás quién te mira. Cambio cada día de opinión respecto a ti, y no me canso de intentar dejarte donde debes estar. Pero mírate. -Él agachó la cabeza, en el amago de una sonrisa pensativa. - Éso es lo que hace que todo se desvanezca.
Erik acercó sus labios a los de ella, quien, asustada, lo miró sabiendo que el siguiente movimiento marcaría la diferencia entre el pasado y el devenir.
Siguió su instinto. Los labios del muchacho rozaron los suyos en el escalofrío del primer roce, tan suave, tan familiar,... Sus bocas se buscaban, mas no llegando a culminar el ansia, el juego fue detenido por Vaitiare.
-No empieces lo que no terminarás. Si has de ser quien fuiste, prefiero perder de nuevo por abandonar a que me ganes y no vuelvas.
-Todo será como el momento lo requiera. Ganando o perdiendo, ambos haremos lo que sintamos.
-Perderé entonces.
En el mismo suspiro, el aliento del joven le dio la vida.
miércoles, 25 de enero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
Hallando sólo el mar
Donde las lunas se esconden, ella camina.
Siente el mundo suyo sin serlo,
siente en su cuello elevarse el susurro de un peregrino:
"Tuyo será lo que tuyo sientas."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
Eleva cantos hacia el cielo, oscuro de cauto amor.
Reverbera en silencio el quebrar de su voz:
"Canta, niña. Canta. No dejes de caminar."
Y bebe de su copa, ron y lágrimas al despertar.
Cuando el misterio incita a las penumbras que la confundan,
la envuelven miedo, besos y desencanto.
La brisa aguarda paciente, repitiendo en soledad el llanto:
"Ojos verdes muerte te darán."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
Siente el mundo suyo sin serlo,
siente en su cuello elevarse el susurro de un peregrino:
"Tuyo será lo que tuyo sientas."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
Eleva cantos hacia el cielo, oscuro de cauto amor.
Reverbera en silencio el quebrar de su voz:
"Canta, niña. Canta. No dejes de caminar."
Y bebe de su copa, ron y lágrimas al despertar.
Cuando el misterio incita a las penumbras que la confundan,
la envuelven miedo, besos y desencanto.
La brisa aguarda paciente, repitiendo en soledad el llanto:
"Ojos verdes muerte te darán."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
jueves, 19 de enero de 2012
Cantos de vino añejo
Vence a tus temores princesa de alma guanche y raíces godas. Vence al miedo y vuela lejos, dejando atrás Mediterráneo y luces de vino añejo.
lunes, 2 de enero de 2012
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