viernes, 29 de noviembre de 2013

Mi nombre

Y todo lo que una vez fueron pálidas velas titilando bajo el calor de la ventisca, ahora es del tenue azul que cubre el hielo del Infierno.
Y, ardiendo con pausa y calma, habiendo aprendido el valor del sigilo, arremete contra la debilidad de un cuerpo humano, consciente de la fortaleza del espíritu que lo alberga. Hasta él llega como lánguidas respiraciones, y cruje. Cruje en su pecho el hielo por quebrarse en hondos lamentos que caerán al vacío, dejando al fuego consumir el cuerpo y tornando la lluvia en llamas.
Y ese todo se reduce a un nombre.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Flechas en el corazón

A veces, unos ojos en silencio tras un cristal manchado de polvo y huellas pueden ser más letales que una flecha atravesándote el corazón.
Y, cada vez más lejos, te llevan consigo a un abismo de excesos y letanías, culpando a la alineación de las estrellas por no haber sido capaz de lanzar al mar la llave que una vez abrió la Luna.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Sin hielo

Podría resumir aquella noche a un piercing en la lengua y seis cubatas sin hielo. Pero quizá su camisa se enfadase, por no mencionar que acabó en el suelo.
Y cuando te dice "vamos, morena, que no nos ve más que la luna llena", con esa mirada azul celeste bajo verde, brillando junto a la arena...
Quién fuese capaz de controlar el fuego.

miércoles, 31 de julio de 2013

Set fire to the rain

Me deslizo a través de las luces. Pero la oscuridad de esos ojos me observa desde dentro.
Suspiran. Estoy en calma.
Entonces se cierran y vuelvo a caer, y es fácil, sencillo. Y todo desciende en un grácil baile de cristales reflejando su mirada, mientras alargo los brazos hacia unas manos fuertes que salen del cielo, intentando atraparme.
De repente soy pequeña y frágil, y oigo su voz ardiendo dentro de mi pecho.
"Ven."
Pero no puedo ir, estoy cayendo. La lluvia arrecia, empujándome hacia abajo. En cada gota veo mis recuerdos, azotando crueles mis entrañas.
Intento gritar a la voz, pero nada sale de mi garganta.
Sigo cayendo, deprisa, sin gloria. "Ayúdame."
Los ojos siguen cerrados. Les grito de nuevo, pero no me escuchan.
"Ven."
Tan inconsciente la lluvia meciéndose entre mis arterias, impidiéndole abrirlos. "Ábrelos."
"¡Mírame!"
Y se abre el cielo, la Luna brilla exultante prendiendo fuego al reflejo de unos ojos oscuros, benévolos.
"Ahora puedes venir. Cree."
Y creo. Creo con todo mi ser, pero sigo cayendo. "Cree tú por mi, entonces."
Despierto.
Los ojos ahora son azules, me invitan a los brazos de Morfeo de nuevo, pero esta vez no voy. No puedo ir. La música sigue sonando. Y no quiero ver más el mar donde tantas veces me ahogué. Quiero la Luna. ¿Cómo voy hacia la Luna?
Una vibración me saca del sopor y, somnolienta, respiro. Profundo. Ya no hace frío.

sábado, 29 de junio de 2013

Tu final

Matándonos como si sólo uno pudiese quedar, di que no te importaría perder la batalla, miente y busca en otros ojos mi forma de mirar. Diles que sigues aquí sólo por ti y tu vanidad.
Amargo llegaste y amargo marchaste. Como si no te arrepintieses. Vamos, dime que fue fácil saber que tú mismo construiste tu abandono, que no te importó perder la seguridad que te daba la ceguera de tu rededor.
Todos tus sentidos están abiertos a destrozar lo que ya no tienes, intentando buscar una razón que no entenderías a tus por qués. Ni cobardes ni desagradecidos colmarían de tanta hiel lo que tocas, arrasas campos de serenidad con una falsa seguridad basada en corazas quebradas que sostienes aun cuando todos ven a través.
La soledad te toca y tú no lo ves, y la desconfianza se vuelve enfermedad, y la magia que desprendías se torna lánguida neblina, socavando la eternidad de un hermano, un amigo, un amor. 

domingo, 21 de abril de 2013

Bendita perdición

Él fuma, pero sólo cuando no sabe qué siente. Se sienta con los codos apoyados en las rodillas e, inclinando la cabeza hacia un lado, cabizbajo, te mira a través de las pestañas con esa expresión tan suya.
A veces, su insolencia puede desquiciarte. Pero ay, qué bien sabe arreglarlo con una media sonrisa torcida cuando sus ojos vuelven a ser niños.
Tal vez sean tan azules como el cielo, y quizá sea verdad eso de que ha caído de allí arriba. Pero él sabe que hay más demonios en su alma que en el mismo Infierno. Y yo también.
Mira, incluso los ángeles tienen un lado oscuro. Y cuando te llama en mitad de la noche, quemándose por dentro, eres tú la que se calma. Porque es a ti a quien acude, aunque sea para fingir que te está salvando de ti misma, cuando es él quien necesita ser salvado.
Él lo sabe. Y yo también.
Y ese es el problema.
Podría dibujar cada músculo, cada curva de su espalda con los ojos cerrados. Podría reconocer su perfume incluso bajo las aguas del mar. Podría sumirse en el silencio y, aún así, reconocería su voz pensando muy para sus adentros. Sus manos fuertes, largas y seguras acariciando el aire en cada gesto; su alma ardiendo tras el profundo abismo de su mirada y el aliento de su boca mezclándose con la suave cadencia de su hablar.
Podría describir cada beso, cada discusión, cada noche.
Pero me espera, arrogante, apoyado contra la pared como si fuese intocable.
Maldito prepotente y sus caminos al Infierno.
Bendita perdición.