martes, 29 de noviembre de 2011

Ira

A medida que la jaula se estrecha, a medida que el control la muerde, su rabia aumenta.
¿De qué le sirve vivir si no es libre de marchar cuando lo desee?
Más negativas recibe en su rededor más próximo que allá afuera.
Lo que más ha ansiado toda su vida se le niega una y otra vez siendo lo más inteligente tirar la toalla. Y eso, es asesinarla.
Contrólala y atente a las consecuencias, intenta entrar en su cabeza y nunca salgas por temor a lo que en tu saber se halla. Pero, esta vez… esta vez han ido demasiado lejos.
Ella obedece sin dar opiniones que sabe serán rebatidas y puestas como objeto de mofa. Ella no debe contradecir, ella solo ha de quedarse quieta, callada.
Pero  su alma no es sumisa, así su cuerpo finja lo que su apariencia contradice.
Y no puede hacer nada para evitarlo, pues las órdenes son claras y, esta vez, no puede romper las reglas establecidas. Ella lo sabe, no hace falta que nadie más lo entienda.
Ella conoce el punto hasta el que puede llegar a rebelarse. Nada puede hacer.
Pero nadie tiene el derecho de retenerla contra su voluntad, nadie puede negarle ser feliz.
Su felicidad se encuentra en un mundo en el que debiera hacerse con el hueco que le han ofrecido. Mas, los que no la reconocen allí, no dejan salir de su jaula de frío acero a su alma ansiosa por llevarse el cuerpo que necesita para cumplir sus anhelos.
Sueño truncado. Adiós, vida.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Far away

Caíste y alcé tu alma hacia el cielo
Amaste y amé contigo a mi infierno
Mas fui feliz en él
Y aun así, jamás te dejé caer

domingo, 20 de noviembre de 2011

Noche eterna

-Desde aquel día, siquiera he visto lágrima alguna en tu rostro. Ahora, ni aun tristeza en tu piel.
-El Sol alumbra y su luz reflejo. Mas por dentro, la Luna ya no brilla. Es noche eterna.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Fuego

Las calles se habrían a su paso. Su seguridad al caminar provocaba al azabache de sus rizos a bailar salvaje con el viento. El resonar de sus altos tacones, mitigados por el ruido de la ciudad, se hacía escuchar en la imaginación de los caminantes. De vez en cuando miraba con fiereza y, tal vez un ligero toque de superioridad fingida, directamente a los ojos de aquel que se atrevía a intentar penetrar en ellos… y bajaban la mirada, cohibidos. Perfilados en el negro del infierno, jamás permitirían que nadie osase a entrar en su alma. Sus labios, con un suave toque rojizo, se entreabrían al mirar hacia la curiosidad de alguna que otra distracción de las calles digna de su interés.
Al cruzar, siempre en rojo, pues no era paciente, los conductores de según qué vehículos deseaban recorrer sus curvas y perderse en ellas en el trágico accidente que pondría fin a sus vidas.
La presencia de la muchacha de negro, la seguridad de los toques de rojo, la elegancia y el peligro, la agresividad, no dejaban que nadie se interpusiese en su camino.
Caminaba como si fuese al ritmo de quién sabe qué melodía, sus gestos siempre respondían al mismo compás al que su cuerpo se movía. La miel de su febril mirar intimidaba a aquellos que no la conocían.
Digna hija del ángel más oscuro, con un pasado por olvidar, estaba dispuesta a volver a las calles… como si nada hubiese ocurrido. El frío más helador y el más ardiente fuego coexistían en su interior.
Ella había regresado. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

La llave de la Luna

Ataviada por un único collar, una minúscula llave entre sus pechos, se acercó lentamente al abismo. Sujetó el colgante y lo apretó con fuerza mientras lágrimas de febril dolor recorrían sus pálidos pómulos. Con languidez descolgó la llave de su cuello y la observó como madre que mira a su hijo muerto. Alzó el rostro hacia la Luna con fiereza, apretó de nuevo el brillante objeto, tomó impulso y arrojó la llave al mar.
Al borde de la hiperventilación cayó sobre sus rodillas observando la caída… y pérdida de todo aquello que una vez la salvó.

jueves, 10 de noviembre de 2011