Cuando hubo tiempo para nosotros,
te busqué entre campos de frágiles rosas
que me incitaban a acariciarlas, como rocé tus labios
curándolos con ansiosas lágrimas.
¿Quién espera para siempre? Preguntaste, en susurros.
Y te ofrecí campos de estrellas,
el oro de los amaneceres de nuestros inviernos.
Te ofrecí el sabor de las nubes tras la lluvia
y el rojo de mis temidos silencios.
Te ofrecí el cantar de las rocas,
el ímpetu de la espuma del mar.
Y todo fue tuyo,
deslizándose en tu rostro el candor de tu sonrisa.
Y nada fue mío,
amando el abrasante infierno de una tregua que debió ser alivio.
Fue tu voz la que sentí cuando tu presencia ya no me pertenecía,
haciéndose eco entre los caminos que no elegí.
Y sin ser nuestro el aire que nos distanciaba,
te ofrecí el azul estruendo de la silenciosa paz.
Y, ¿aún preguntas quién espera para siempre?Yo espero para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario