Donde las lunas se esconden, ella camina.
Siente el mundo suyo sin serlo,
siente en su cuello elevarse el susurro de un peregrino:
"Tuyo será lo que tuyo sientas."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
Eleva cantos hacia el cielo, oscuro de cauto amor.
Reverbera en silencio el quebrar de su voz:
"Canta, niña. Canta. No dejes de caminar."
Y bebe de su copa, ron y lágrimas al despertar.
Cuando el misterio incita a las penumbras que la confundan,
la envuelven miedo, besos y desencanto.
La brisa aguarda paciente, repitiendo en soledad el llanto:
"Ojos verdes muerte te darán."
Y al instante vuelve la vista atrás, hallando sólo el mar.
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