No es lugar para explicar cómo unos ojos verdes pueden arruinarte la vida, como tampoco lo es para concretar qué sonrisa es capaz de evadirte de ellos una segunda vez, sabiendo a ciencia cierta que nunca la besarás.
Tampoco contaré cómo su olor se adhiere a mí cada vez que soy su día, su noche, a veces sus mañanas, sin siquiera tocarlo, y cubre mi cama.
Y, ¿qué mas da decir lo mucho que temo el rozar su piel, por lo curativa que es si después lo miras a la cara? No, no intentaré excusarme convenciéndome de que no es ese tipo de sentimiento, porque no es una excusa. Es cierto. Pero tampoco es un cualquiera.
Quizá sea porque es diferente a lo que me atrae, o porque una vez sentí algo.
No quiero pensar cuán me llena cuando estoy con él. Es un lugar cómodo, tranquilo, sin obsesiones ni celos, tampoco ira ni pasado amor. No es distancia, ni ambigüedad.
Es calor. ¿Alguna vez he tenido frío cuando él ha estado cerca?
No puedo saber qué es lo que me ha hecho darme cuenta de esto, saltó sin más, y luego me invadió al verlo ahí...
Sensualidad cautiva que solo sale cuando...jamás lo vi de esta forma.
Maldita sea, amigo, ¿qué haces aquí dentro de nuevo? ¿Quieres que recuerde lo feliz que fui en aquella ilusión durante escasos días?
No podría permitirte entrar más en mí, porque de hacerlo, estaría más perdida incluso, si cupiese.
No deberías curarme.
Y la culpa es tuya, por ser tú.
No desearé que algún día, de repente, pienses en mí y encuentres lo mismo que yo he descubierto, pero ojalá lo hicieras.
Ojalá fueses quien ha de aparecer.
Pero no, no me gustas, no me gustas en absoluto...
Solo lo estoy descubriendo.
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