Cómoda es de sentir la tristeza, así como cortante es el volar de las aves que portan memorias del mismo día presente, de cómo lo viví cierto tiempo atrás. Y así día a día. Es curiosa la maldad con la que hurgan en la herida abierta y que no parece querer sanar.
Es agotador. Aunque todavía no soy tan sabia como para poder decir, con total seguridad, si duele más la esperanza de un gesto o no tener ninguna.
Desearía morder una manzana envenenada y dormir, hacer pasar el tiempo que tan sanador proclaman las leyendas. Dormir, dormir y descansar. Sólo por un minuto. Quizá una pequeña eternidad.
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