martes, 6 de enero de 2015

De un ciento que vuela, el ruido; de un ciento que nada, el aire

Cómoda es de sentir la tristeza, así como cortante es el volar de las aves que portan memorias del mismo día presente, de cómo lo viví cierto tiempo atrás. Y así día a día. Es curiosa la maldad con la que hurgan en la herida abierta y que no parece querer sanar.
Es agotador. Aunque todavía no soy tan sabia como para poder decir, con total seguridad, si duele más la esperanza de un gesto o no tener ninguna.
Desearía morder una manzana envenenada y dormir, hacer pasar el tiempo que tan sanador proclaman las leyendas. Dormir, dormir y descansar. Sólo por un minuto. Quizá una pequeña eternidad.

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