Qué crudo es mirar hacia delante y no verte. Te juro que te mataría a polvos después de torturarte con cuchillos encendidos. Y hacerte ver la película de mi vida con las manos atadas a tu espalda y tu jersey blanco por mordaza, para que entendieras qué se siente ahora, ahora que... te odio. A ratos. No estoy segura. Sólo sé que me revientas por dentro porque me cierro de corazón y piernas a cualquiera que no tenga tu nombre
y apellidos.
y apellidos.
Que hagas esto precisamente tú. Tú, el que conoce mi pasado; tú, el de las promesas; tú, el que ha sufrido toda la vida. No tiene sentido. Tú no tienes sentido. Qué difícil es crear algo fácil contigo.
Rompería tu corazón si pudiese o supiese y luego lamería tus heridas, haciéndote un traje de saliva que te protegiese de lo que te aguarda fuera.
Qué asco da que no llames después del último domingo. Qué asco da ser el juguetito sexual, otra vez. Qué jodido asco, ser utilizada de nuevo
. Te has pasado.
. Te has pasado.
Que sí, que el Sol acaricia el horizonte cada mañana y todo cura con alcohol y lágrimas, mes a mes. Pero como haya de pasar un sólo día más aprendiendo a olvidarte, no sé si voy a volverme loca o meterme en un hoyo y no volver a ver la luz.
Porque no hay luz sin ti, ¿sabes? No la hay. Me cago en ti y en tus mierdas, en tu cabezonería y en tu mínima empatía. Me cago en tus ojos, en tus dientes que desgarran y en tu labia que encandila. Me cago en tu encanto y en todas tus cosas buenas. Porque las adoro. Y me canso de quererte y que no me dejes hacerlo.
Con lo tranquila que yo estaba, caradura.
Hace tiempo se me ocurrió que si te daba el paquete que guardo en lo más alto de mi estantería, no estarías tan triste. En ese momento
te ilusionaría y podría hacer olvidarte de todo como lo hacía antes.
te ilusionaría y podría hacer olvidarte de todo como lo hacía antes.
Como antes, eso es. Eso es lo que yo quería, por lo que preguntaba, el por qué, el por qué había cambiado, era por lo que te incordiaba hasta hacerme pesada, joder. No pedía más. Quería lo de antes. Tal y como estaba, sin nada más. Quería saber qué coño pasaba, cómo
podíamos arreglarlo.
podíamos arreglarlo.
No me sirven excusas, no me sirve nada; qué egoísta has sido y más que lo sigues siendo. Aunque lo creas, no estás en tu derecho. Pero no voy a ser yo quien ceda. Porque no te lo mereces, y yo tampoco me lo merezco. Ya me he arrastrado suficiente. Yo no soy como las demás, lo sabes desde
el principio.
el principio.
Así que si el cielo un día se torna de tu gusto espero que... no espero nada. Ya no espero nada. Ni de ti ni de nadie. Aun con ello, aunque me pese, sigo estando aquí por si necesitas algo, dispuesta a ayudarte.
Tonta de mi.
Y no creas que no sé que habrá habido alguna otra desde que parece que me abandonaste. Yo debiera hacer lo mismo, porque oportunidades y pretendientes no me faltan. Y vuelvo a cagarme en la castración a la que me somete mi mente y mi cuerpo. Porque no puedo
besar o tocar a otro, preguntándome si tus labios seguirán sabiendo a felicidad o a chocolate.
besar o tocar a otro, preguntándome si tus labios seguirán sabiendo a felicidad o a chocolate.
No sé si llamarlo injusticia o muerte por devoción.
Qué putada, amor. Sinceramene, qué putada.
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