A veces, unos ojos en silencio tras un cristal manchado de polvo y huellas pueden ser más letales que una flecha atravesándote el corazón.
Y, cada vez más lejos, te llevan consigo a un abismo de excesos y letanías, culpando a la alineación de las estrellas por no haber sido capaz de lanzar al mar la llave que una vez abrió la Luna.
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