Es dejar la luz encendida por si la negrura de la habitación propicia el regreso de tus propios pensamientos.
Es el sabor a pretérito imperfecto, que tanto aterra a las cuerdas vocales. Ya no saben sino temblar en callados quejidos.
Es ese olor a madera almizclada, que temes te inunde y no puedas reprimir llover por dentro.
Es ese jarabe que dura unas horas y, cuando te crees curado, decide dejar de hacer efecto. Y es peor la recaída.
Es pisotear una colilla y que siga ardiendo. Maldita lucha interna.
Dicen que todo sana pero, ¿qué pasa cuando has vivido siempre enferma? Y te has creído con fuerzas; y has creído que funciona esa vacuna de cinco letras.
Nada puede contra el monstruo que vive interno.
Ay, silencio. Cuánto te amé y cuánto te temo.
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