Te odio. Porque estás rota.
Por mucho que luches nunca vences. Cada vez que te levantas vuelves a caer. Cansas. No puedes repararte, ya no sabes cómo.
Lo único que ahora ocupa tu mente es forjar tu cuerpo como espada. Otra vez. ¿De verdad crees que eso solucionará algo? Has llegado a enfermar.
Aunque es mejor que pensar en otras cosas.
O no.
No. No pienses en eso. Ni te acerques a un sólo recuerdo, teoría o emoción. No va a volver. Y punto. Mintió. Crees. Casi te atreverías a jurarlo.
Y le quieres. Porque está roto.
Y le odias. Porque está roto. Y no te deja estar para apoyarlo.
Porque eres tonta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario