La cuestión es desearse a una misma. Es ponerse cada mañana frente al espejo, desnuda, y bailar como no lo has hecho ni con tres copas de más. Es posar, mandarte besos y coquetear con tu reflejo. Es tocarse y conocerse, decirse "yo te hacía el amor y te follaba al mismo tiempo". Es despeinarse mientras las curvas se tornan aún más convexas y lo cóncavo se retuerce en gemidos. Es que te duela mover el culo, que te entre flato con sólo sonreír al sentirte la mujer más sexy que el mundo tiene el privilegio de conocer. Porque lo eres, que no te engañen.
Seducirse: "qué desperdicio disfrutar sólo yo de este cuerpo."
El mejor formato en que te podrían haber parido. Sentir que con una mirada puedes someter al mundo, que no te hacen falta unos tacones para hacer sonar tus pasos. Acojónate con tu propia sexualidad.
El truco es que te veas mejor desnuda que vestida, ponerte lencería fina y sentirla tu secreto bajo unos vaqueros rotos, en zapatillas o stiletto.
Aprende a conducir sobre tus curvas y que sean ellos quienes pierdan la vida de un derrape.
Mira, ponte los cuernos contigo misma, saca a la mala zorra prepotente cuando te vistas cada mañana, déjala en casa hasta la hora de ponerse el pijama, con la cara lavada y un moño deshecho y, cuando te la encuentres en el espejo, salúdala con un golpe de cadera y dile "prenderías fuego al cielo."
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