Verte.
No mirarte, observarte o contemplarte, sino verte.
Empiezo fisgando el sutil movimiento de tus pestañas, por si me sorprendes embelesada imaginando la luz dorada de tus ojos verdes fija en los míos así, como cuando te quito el sitio en el sofá; de gato receloso a ternura inmensa, y con ella el acecho del puma hambriento. Y me cazas. Y me muerdes. Y me tragas.
Luego acaricio el lóbulo de tu oreja y jugueteo con el acero de tus dos aros para sentir raspar tu barba cuando bajo por la línea de la mandíbula hasta la barbilla. Entonces abro mi mano y exploro cada poro de tu mejilla, una y otra vez. Empiezas a respirar más lento, más calmo, a través de tu nariz recta y sexy. Porque es sexy. Como tu boca, que tiembla imperceptiblemente bajo mis dedos. A veces la abres y la vuelves a cerrar, y temo haberte despertado. Pero cuando suspiras, profundo, me permito continuar
con mi paseo. Son suaves, tus labios: el superior da fe de tu dureza, de tus corazas y pensamientos más oscuros, de tu pasado, tu presente y lo que esperas en el futuro; en cambio, el inferior es dulce y sabe a las cinco letras de tu nombre un domingo por la tarde, es con el que me frustras y me calmas. Nunca sabrás lo que me gusta morder ese labio. Sé que guarda tus dientes... que no puedo describir con palabras. Es una sonrisa que calma y seduce, que desgarra y sana, que desea y llama, que reta y gana.Entonces me acerco más, si cabe, y temerosa te beso. Te revuelves y me abrazas. Sigues ignorante, pero para mi ese gesto es un mundo. Y soy feliz.
Me río muy bajito, para no despertarte, porque te quiero descansando. Sí, descansando de todo. De la vida que te ha tocado y que quiero seguir viviendo contigo, aunque me destroce. Me da igual, mejor que me hundas tú a ser yo la que me despedace con todo aquello que conoces. "Húndeme contigo", te susurro. Y lloro en silencio para que no te enteres nunca.
No te mueves. ¿Debiera tomármelo como una señal? Quizá sí.
En la oscuridad, tu pelo parece más negro que castaño oscuro, así que te peino con cuidado, para que te sientas amado en sueños. Mi único temor en ese instante es no volver a hacerlo.
Vuelvo a tu rostro, a tu perfil, porque te has movido. Tienes rasgos arábicos, como yo.
Curioseo tu cuello, que me lleva a tu pecho medio escondido entre
las sábanas. Lo custodia un prado de vello tan oscuro como tu barba. Es natural. Es sexual. Sube y baja al compás de los ronquidos que han empezado a salir de tu garganta. Es mi señal para volver a rascarte la nuca.Dejas de roncar mientras te giras hacia
mi. Me encuentro respirando tu respiración y casi me duermo.A veces juego contigo, porque cuando te toco respiras paz y cuando me aparto vuelves a tus gruñidos. Otras hablas, enfadado o recordando tu día, jurando o diciéndome esas cosas que no te recuerdo por si te retractas.
Son tres horas que pasan como tres segundos, y despiertas. Y tu despertar no es consciente de esa ligera sonrisa que jamás admitirías cuando me descubres
mirándote. Es otro mundo. No hay nada más fuera. Estás tú y tu ceño fruncido, y tu bostezo y tu "a dormir" mientras te das la vuelta y cierras las únicas estrellas que quiero que me alumbren. Tú eres el Sol.Sigo las líneas de tu espalda, de los tatuajes y los músculos, tensos. Demasiado. Quiero relajarlos a besos y aceite de Argán. No quiero salir de la cama. Nunca. Porque mi pregunta ya no es "¿el martes o el jueves?" y tu respuesta ya no es "si quieres, los dos", ahora reina el "¿lo volveré a ver
?".Cuando te giras, curioso, me doy cuenta de que no quiero despertarme sola ni con nadie más. Me calma dormir contigo, tu aroma, acompasar mi respiración con la tuya, a pesar de su celeridad. Me serenas. Fue la primera noche que no tuve pesadillas desde hacía meses. Meses que te he tenido presente en mis sueños cada noche, para bien y para mal, en cada sentido que un humano medio pueda imaginar.
Pero
tú, tú eres excepcional... e inestable.¿Que qué hice esas tres horas
despierta? Rogarte sin arrodillarme, rezar sin religión y esperar desesperada. Incluso entenderte sin creerte.¿De verdad volverás?
Yo estoy aquí, aunque me eches. Porque merecería la pena tras este
año de idas y venidas. Y tu cuerpo lo sabe, aunque tú no.Eres hielo frágil bajo
mis pies.
Intenso...... triste....enternecedor en cierta forma..... buf... buf... No sé si preocuparme o alegrarme de tanta creatividad literaria.. Me ha gustado mucho. Te felicito, desnudarse así, publicar algo así... Yo "estos" nunca los lanzo al espacio... que cobarde, o egoísta.. me los guardo para mí. Es atreverse a mostrarse mucho. ;-) Sigue creando.
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